Jesús nos pide que seamos observadores de modo que, estando bien atentos, nos demos cuenta de los detalles más pequeños, sin que se nos pasen desapercibidos. A Jesús, no se le escapaba casi nada. Y por eso decía que nadie ciego, que no vea bien las cosas, debe guiar a otros ciegos, porque todos se caerán en el primer hoyo o socavón que se encuentren. ¿Cómo es posible que seamos capaces de ver una mancha pequeña en la ropa de otros y no veamos la mancha grande que tenemos en nuestro vestido ? La respuesta es clara : porque nos miramos poco para ver nuestros defectos y prestamos más atención a los de los demás. Lo mismo que cada árbol se conoce por sus frutos, también las personas demuestran ser buenas o malas, por sus obras.
Padre enséñame a ver la viga
que tapa mis ojos,
esa que no me deja reconocer
mis propias miserias y errores.
Quítame la viga que me convierte en juez
de mis hermanos, esa me que hace criticarlos,
condenarlos desde mi soberbia.
Esa que me hace solo hablar mal de ellos.
Vamos a jugar

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