‘Cuando hablamos de Dios, sin haber hablado primero con Dios, no somos muy creíbles’

7 octubre 2018

Para el salesiano Rossano Sala, Secretario Especial del Sínodo, la Iglesia está en deuda en escuchar a los jóvenes porque habla poco con Dios. Por este motivo, elogió la iniciativa del papa Francisco de prever con frecuencia algunos minutos de silencio para un discernimiento adecuado durante las sesiones en el sínodo.


“De las palabras inaugurales del papa se desprende que la palabra ‘escuchar’ es realmente central en este Sínodo… Nos dimos cuenta que la Iglesia tiene un déficit de escucha. Muchas veces habla demasiado y escucha poco. Esto significa que es realmente necesaria una conversión espiritual. También diría que la raíz más profunda de esta falta de escucha a los jóvenes es probablemente la falta de escuchar a Dios. Hablamos mucho sobre Dios, pero tal vez hablamos poco con Dios. Y esta es una falta de credibilidad. Cuando hablamos de Dios, sin haber hablado primero con Dios, no somos muy creíbles”.


“Un riesgo subrayado por el Santo Padre -agrega Sala- es hablar sobre los jóvenes con categorías y esquemas mentales obsoletos, de acuerdo con los clichés de los jóvenes del 68. En cambio, la experiencia adquirida durante la reunión presinodal es la de un grupo que, de puntillas, quiso con gran respeto y sensibilidad poner muchos puntos en el centro de la agenda eclesial, todos los cuales se incorporaron al documento presinodal.


“Ciertamente -explica- la generación actual es bastante frágil: está en búsqueda, quiere una alianza intergeneracional con los adultos, está buscando reconciliación, porque está fragmentada y bombardeada por miles de estímulos. Este es el gran tema del acompañamiento que surgió en el presínodo: los jóvenes piden acompañamiento”.


Finalmente, Rosanno Sala explica el valor del discernimiento que el papa ha pedido a los Padres sinodales: “El papa Francisco introdujo un cambio de procedimiento, estableciendo que, durante los trabajos de la Asamblea, cada cinco intervenciones se tengan tres minutos de silencio. Considero que es una elección valiente y profética: es dejar bien claro que el método de trabajo del discernimiento es una metodología espiritual. No es simplemente una técnica, sino un evento espiritual”.


“El silencio es absolutamente necesario para hacer que las palabras escuchadas resuenen en el corazón -concluye Sala-. Una de las cosas más interesantes que los jóvenes han expresado en los dos años de la fase presinodal es la gran sed de silencio y de contemplación”.

 

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