30 años de la revista Catequistas

11 febrero 2015

La revista Catequistas, de la Editorial CCS, celebró el día 8 de febrero un encuentro conmemorativo de los 30 años de su presencia en la Iglesia española. Asistieron los inspectores provinciales de las provincias religiosas salesianas de “Santiago el Mayor”, con sede en Madrid, Juan Carlos Pérez Godoy y de “María Auxiliadora”, con sede en Sevilla, Cristóbal López. Además, entre los 45 convocados había autores que pasaron por la revista y un buen grupo de los actuales autores junto con amigos y catequistas en activo.

La revista Catequistas salió al público en enero de 1985 con la cabecera de Proyecto Catequista. Más tarde, con el número 102 de octubre de 1997, cambió a la actual cabecera: Catequistas.

El acto consistió en una evocación de los principales momentos de la historia de la revista. Se rindió homenaje a los autores que por ella han pasado o colaboran en la actualidad. Mari Patxi Ayerra, conocida autora de la revista y dinámica animadora, lanzó a los participantes a soñar el futuro de Catequistas. Dos ideas fueron predominantes: apertura a lo digital, atención al destinatario actual, el catequista, que no tiene las mismas características de aquel de hace treinta años.

En la exposición de la trayectoria histórica se destacó la constelación de publicaciones que brotan del tronco de Catequistas: la Agenda del catequista, la publicación Tiempo litúrgicos, la colección Maná, y los Posters Catequistas.

Es difícil valorar el fruto de la revista durante estos años. Pero son muchos los catequistas y grupos parroquiales de catequistas que mantienen su formación permanente, o inicial en algunos casos, con el servicio que la revista presta. El contenido de sus secciones es rico, variado; abarca las tres dimensiones de la formación del catequista: ser, saber y saber hacer.

Una originalidad que mantiene Catequistas desde su fundación es que un autor anima una sección durante todo el curso para favorecer la unidad de la formación y para garantizar la progresión.

En la oración conclusiva los presentes invocaron al Espíritu para que alentara los trabajos de futuro que en grupo se soñaron. No basta soñar, hay que llevar los sueños a realidad. Y “la manita del Espíritu” es necesaria.
 

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